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15 de junio de 2017

La "plaza del Arzobispo" recuerda el origen episcopal del lugar y su cercanía con el palacio que es su sede.


La céntrica plaza del Arzobispo tiene entradas en la calle del Palau y de la Llimera. De entre sus nombres antiguos podemos destacar el de “plaça del bisbe” pues Jaume I concedió unas casas muy cercanas a lo que sería la iglesia mayor para residencia de su obispo. Cuando Valencia adquirió en 1492 el carácter de arzobispado por bula de Inocencio VIII y Rodrigo de Borja fue su primer arzobispo es cuando tomó el nombre de su nueva condición. Pero otros nombres como el de “Lucena” tuvo entre 1841 y 1844 por la victoria que en esta población tuvo O´Donnell sobre el General Cabrera en plenas Guerras Carlistas. También se llamó “del Cardenal Benlloch” y “de la fruta” por venderse en este entorno este producto. De entre los edificios que lo jalonan destaca el de los duques de Villahermosa, condes de Berbedel o del marqués de Campo, que todos estos nombres tuvo el que hoy es Museo de la Ciudad. En él tuvieron su residencia virreyes y capitanes generales de Valencia al ser demolido el antiguo Palacio del Real. También encontramos aquí la entrada de la conocida como “cárcel de San Vicente Mártir” como parte del complejo basilical visigótico y que conserva una capilla subterránea. La fuente que en medio de la plaza la decora anticipa la escultura en bronce del que fue arzobispo de Valencia Marcelino Olaechea. 

30 de septiembre de 2016

La "plaza del Temple" albergó la sede templaria de Valencia.

La plaza del Temple se erige en uno de los tres vértices de ese triángulo “real” formado por el antiguo Palacio del Real, el Real Convento de Santo Domingo y el Real Palacio e iglesia del Temple. Se llamó "del Portal del Real" por la puerta de la muralla que aquí hubo y tiene accesos por la plaza de Tetuán, por la calle del Gobernador Viejo y por la plaza de Teodoro Llorente, que preside una estatua del pintor Ribera que hubo frente al convento.. En este entorno estuvo la torre árabe más alta de Valencia como fue la de Ali Bufat o del Cid, lugar donde se colocó el pendón de la rendición, que el rey Jaime I entregó a los templarios, quienes le habían educado y protegido, junto al palacio anejo y dependencias un 15 de noviembre de 1238. Cuando se suprimió esta orden militar en 1312 el rey Jaime II obtuvo bula del Papa Juan XXII para constituir una nueva orden que se llamaría “Orden militar de Nuestra Señora de Montesa y San Jorge de Alfama” cuya sede se estableció en el castillo de Montesa para contener el empuje de la resistencia árabe en aquella frontera. Por el terremoto sufrido en 1748 su sede se trasladó al Temple de Valencia, que nunca ha perdido su nombre a pesar de la extinción de la Orden.

A mitad del S.XIX se produce la exclaustración de la Orden y el convento se destina a sede del Gobierno Civil, hoy de la Delegación de Gobierno, y la iglesia concedida a los Padres Redentoristas en 1917. En ella destaca su noble fachada con dos esculturas que representan la “Piedad” y la “Devoción” y el tabernáculo del altar mayor que contuvo la imagen de la Virgen de Montesa y hoy un cuadro de la Virgen del Perpetuo Socorro. También destaco la devoción que se tiene a San Expedito en el altar lateral que le cobija. Por último, diré que la demolición de la muralla medieval comenzó en esta plaza.

10 de septiembre de 2016

La "plaza de Lope de Vega" centra bulliciosa el recuerdo de Valencia al "Fénix de los Ingenios".


La “plaza de Lope de Vega” tuvo un rótulo cerámico muy bello que hoy se encuentra desubicado de su lugar, los arcos hoy cegados de la logia de la iglesia de Santa Catalina. Con accesos desde las calles de la Sombrerería, del Trench, de Martín Mengod y de la Virgen de la Paz, es presidida por la puerta barroca de la fachada principal de dicha iglesia y su gran ventanal circular. Este era el lugar, la “llotgeta del mustasaf”, donde el más poderoso de los funcionarios medievales, el almotacén o musstassaf, establecía sus sesiones para hacer justicia, entre otros, en los litigios sobre pesos y medidas y en la comprobación de la calidad de los huevos que se vendían. Recuerdo de aquello nos queda la argolla y el soporte pétreo en la parte superior de dicha ventana donde colocaba su bandera en los días de sesión. Y para aquellos que osaran vulnerar la justicia del comercio se establecía un podio de piedra en una esquina de la calle Derechos recayente a la plaza del Doctor Collado donde eran expuestos a la humillación pública.


Se llamó en tiempos de “les Herbes”, “de la peixcatería” y “dels caps” pues hubo puestos donde se vendían desperdicios de reses ovinas. Así, platerías, librerías de lance e, incluso, la fachada de la autodenominada como casa más estrecha de España emergen en una plaza bulliciosa, repleta de turistas y aledaña de una plaza redonda castiza y entrañable. En 1917 se renombró a esta plaza dedicándola al literato Félix Lope de Vega, el conocido como “Fénix de los Ingenios”, que ya tuvo una calle en el barrio de pescadores cerca de la calle de las Barcas. Su vinculación con nuestra ciudad fue intensa y, sin ir más lejos, cumplió en 1589 su destierro aquí, escribió la comedia “Los locos de Valencia”, se bautizó en la iglesia de San Esteban a su hija Teodora y su esposa Isabel fue enterrada junto a la pila bautismal de San Vicente Ferrer.

30 de agosto de 2016

La "Rinconada de Federico García Sanchiz" da nombre a la plazoleta situada junto al Palacio del Marqués de Dos Aguas.

La Rinconada de Federico García Sanchiz ocupa un espacio emblemático de Valencia entre la calle Poeta Querol y la calle de la Abadía de San Martín. Esta última calle absorbía hasta los años 40 la que hoy mostramos para acabar dando singularidad al Palacio del Marqués de Dos Aguas y la parte lateral de antigua Palacio de los Cardona, hoy Hotel Inglés. Se llamó en tiempos “carrer dels vicaris” por habitar en ella clero de la próxima iglesia de San Martín y en época de la Guerra Civil se la conoció como “del Socorro rojo”. El edificio más singular de esta rinconada es un edificio palacial de amplia fachada que construyó el arquitecto Salvador Monmeneu. Destacan en él dos grandes jarrones en la fachada del piso principal aunque el edificio se encuentra clausurado y a la espera de que una mano creativa le devuelva el esplendor tapado.
Pero el verdaderamente sublime es el Palacio del Marqués de Dos Aguas. Proveniente de una casa palaciega típica de la Valencia gótica, el resultado actual deviene de una serie de reformas efectuadas en los siglos posteriores al S.XV y, en especial, la de 1740 de la familia Rabassa de Perellós, familia conocida por su opulencia. Su portada principal es obra de Hipólito Rovira e Ignacio Vergara mostrando una hornacina donde destaca la Virgen del Rosario. A ambos lados aparecen dos matronas arrodilladas que portan una vasija que derrama monedas y la otra derrama frutos desde sus manos, dos atlantes y una vasija que derrama agua como símbolo del título de Dos Aguas. En 1949 fue adquirido por el Gobierno de España para dedicarlo a Museo Nacional de Cerámica por iniciativa de Manuel González Martí. Respecto al personaje que motiva esta Rinconada diremos que Federico García Sanchiz que fue un eminente orador y literato nacido en la calle Guillem de Castro que disertaba sobre los temas más variados y que alcanzó la fama en Nueva York y Buenos Aires, prodigándose en sus visitas a Valencia para deleitar con sus discursos.  

5 de agosto de 2016

La "plaza de San Nicolás" alberga la iglesia de frescos más deliciosos de Valencia,

La “plaza de San Nicolás” tiene accesos por “Marsella”, “En Roca”, “Horno de San Nicolás”, “Abadía de San Nicolás” y “Correo Viejo”, y su nombre viene de tener junto a ella a una de las antiguas mezquitas que se convirtieron en parroquias como fue la de San Nicolás. Su fábrica gótica sufrió una remodelación barroca por Pérez Castiel y en torno al 1700 fue magníficamente ornamentada con frescos por Dionis Vidal y con la intervención de Antonio Palomino. Estos han sido recientemente restaurados por la "Fundación Hortensia Herrero" y bien merecen el apelativo de la "capilla sixtina valenciana". La iglesia queda dedicada al obispo de Bari y a San Pedro Mártir, teniendo una urna con los restos del Beato Gaspar de Bono que fue aquí bautizado, teniendo una fachada lateral de carácter neogótico con un panel cerámico en el que San Vicente Ferrer profetiza a Alfonso de Borja que él sería papa y que le canonizaría. Frente a ella tenemos el Palacio del Barón de Santa Bárbara que es sede de la Dirección General de Deportes. Otros nombres que tuvo el lugar fueron los de “En Joan Alegre”, “En Bonança” y “Mosén Sallés”. 

30 de abril de 2016

La "plaza de la Virgen" constituye el centro de los actos más emblemáticos de los valencianos y la más entrañable de sus plazas.


La Plaza de la Virgen es, de seguro, la más emblemática y querida de Valencia. Con accesos, principalmente, desde la calle Micalet, Caballeros, Navellos, Bailía y Horno de los Apóstoles, se enclava en lugar de la Valencia fundacional romana, en la intersección de su cardus y decumanus, lugar donde antaño se ubicó su Foro y hoy una placa en medio del suelo de la plaza nos recuerda cómo Valencia fue fundada en el año  138 A.C. aprovechando la venida de soldados veteranos que fueron a luchar contra Viriato en la Lusitania. Los musulmanes, por su parte, convirtieron el lugar en el más adecuado para albergar su mezquita mayor en el centro de su medina y se aprovechó la Puerta de los Apóstoles de la catedral ya cristiana para que fuera el escenario glorioso de las sesiones del tribunal de justicia vivo más antiguo de Europa como es el Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia. Sucesivos nombres aprovecharon la coyuntura política para definir los tiempos que se vivían: El más tradicional fue el de plaza de la Seu por hallarse allí la catedral. Pero también en el año 1408 sabemos que se llamó “del pes de la palla” por hallarse el servicio de pesaje de esta materia tan apreciada. También se llamó “plaza de les Corts” por hallarse inmediata a ese edificio cuando estuvo en el actual Palau de la Generalitat, “del Estatuto”, “plaza de Fernando VII”, “de la Constitución” en el S.XIX, “de la República Federal” en 1875, “plaza de Vinatea” durante la Guerra Civil y, finalmente, “plaza de la Virgen” desde 1940.

La plaza tuvo unas dimensiones más reducidas en 1956 pues la actual es producto de la demolición de una manzana de casas que después ubicaron la Tómbola Valenciana de Caridad del Arzobispo Olaechea y también su aspecto pues existió hasta los años 70 una gran fuente en el lugar donde se ubica la gigantesca imagen de la Virgen para recibir las ofrendas florales en las fiestas falleras y que fue sustituida por la que conocemos unas decenas de metros más allá y que representa al rio Turia con las ocho acequias que nutren sus aguas. Antes de construirse la Basílica, el aspecto lo dominaba la “obra nueva de la Catedral” con sus arcadas a modo de balcones corridos que alojaban la capilla a la que se trasladó la imagen de la Virgen de los Desamparaddos desde la ermita del Capitulet del antiguo Hospital dels folls, ignoscens e orats. Cuando se decidió construir en 1667 una casa más digna para la patrona se la dotó de un edificio basilical de planta cuadrangular, ovalada en el interior y con una magnífica cúpula ornamentada con pinturas murales de Palomino. En el altar mayor la Virgen es flanqueada por dos figuras marmóreas de San Vicente Mártir y San Vicente Ferrer. Frente al edificio basilical, la conocida como “Casa Vestuario” se destina a lugar para deliberaciones del Tribunal de las Aguas y biblioteca. Más allá, los jardincillos del Palau de la Generalitat o “jardincillos de la Audiencia” ocupan el solar en el que antaño se situaba la antigua Casa de la Ciudad o Ayuntamiento desde 1342 antes de trasladarse a mediados del S.XIX a la Casa de Enseñanza del Arzobispo Mayoral.  Igualmente, el altar de la pila bautismal de Sant Vicent Ferrer coloca aquí su tablado para la representación del miracle y no menos emocionantes son el traslado de la Virgen desde la Basílica hasta la Catedral y la estampa que ofrece la plaza en la procesión del Corpus cuando sus “rocas” la atraviesan. En suma, el teatro perfecto de los sueños valencianos.

30 de marzo de 2016

La actual "plaza del Ayuntamiento" arranca de la demolición del antiguo convento de San Francisco.

La actual plaza del Ayuntamiento se ha convertido en el centro neurálgico de casi todas las grandes celebraciones de la ciudad. Pero no siempre fue así. Ocupada en sus orígenes ya desde 1423 por el magnífico convento de San Francisco todas sus reformas posteriores traen causa en la demolición de aquel cenobio. Ese se conectaba con la actual calle de San Vicente Mártir por la conocida como “deballada de Sant Francesc” y la extinta plaza de Cajeros y sus sucesivas rotulaciones venían motivadas por los aires políticos de cada momento. Así, se llamó plaza del General Espartero en 1840, de Isabel II en 1843, de la Libertad en 1868, de nuevo plaza de San Francisco en 1874, de Emilio Castelar en 1899, del Caudillo en 1939, del País Valenciano después y, finalmente, del Ayuntamiento desde 1987. Entre los notables edificios que la ocupan debemos nombrar el Edificio de Telefónica, ocupado antaño en sus solares por la cabecera de la antigua estación de los Ferrocarriles del Norte de España que traía su playa de vías hasta aquí en 1851 hasta que fue trasladada a la de la calle Játiva. De su más conocido edificio como es el Ayuntamiento diré que en 1897 comenzó a construirse la fachada principal ya que en 1854 se había declarado en ruinas la antigua Casa de la Ciudad que ocupaba los actuales jardincillos de la Generalitat y se trasladó de forma provisional a la Casa de Enseñanza del arzobispo Mayoral en la calle de su actual nombre. Cuando esta fue insuficiente se decidió con los solares de la antigua iglesia de la Sangre convertirlos en el conjunto consistorial que hoy conocemos. 
El Palacio de Correos y Comunicaciones muestra en su fachada estatuas que representan las cinco partes del mundo junto con distintas representaciones del mundo de los envíos. También es notable el edificio del Ateneo Mercantil, institución que, tras pasar por distintos lugares de nuestra ciudad, adquirió los solares de esta plaza y puso su primera piedra en 1934. Su vecino Cine Rialto nos trae trazas del mejor art decó de la época. El antiguo Palacio de Jura Real, en la esquina con la calle de la Sangre, nos trae recuerdos de la conocida animadversión entre las familias de los Castillo y los Merita y de cómo desembocó aquella historia en el “nano del carrer en Llop” del que hablamos al tratar de esa calle. Igualmente reseñables son los edificios de la Equitativa, con su gran diosa de la Justicia presidiendo su tímpano, y el de Generali, con el gran león vigilante de los aconteceres de la plaza. Respecto a la estatuaria, obras notables de Benlliure como la del Pintor Ribera, que actualmente se halla en la plaza del poeta Llorente, y la del Marqués de Campo, hoy en la plaza de Cánovas, se ubicaron aquí en su momento. También la ecuestre del caudillo Francisco Franco pululó por estos lares hasta ser sustituida por la de Francesc de Vinatea, férreo defensor de nuestras leyes forales. La dispersión de viejos quioscos de venta de bebidas y de flores fue resuelta en 1939 por el arquitecto Javier Goerlich con la plaza más bella que aquí hubo, una gran plataforma triangular a la que se accedía en alto por unas escalinatas y que contaba con tres fuentes en sus ángulos representando a las tres provincias de la Comunidad Valenciana. En sus sótanos se ubicaron los kioscos de flores y en su parte superior, rodeada por una barandilla, un óculo circular permitía ver los comercios de flores de la parte inferior, llamado así popularmente la “tortada de Goerlich”. En 1953 se decidió acabar con aquella bella remodelación para dar paso a la impersonal que conocemos. Otros edificios a mencionar serían la casa Noguera, la casa Suay y, en la esquina de la calle de las Barcas, donde hoy se alza el más nefasto de los edificios de la plaza, recordar que estuvo el “Gran Hotel y Fonda de España” que llenó con su pequeño autobús el tránsito de los viajeros desde la vieja estación de ferrocarriles hasta sus instalaciones.

25 de febrero de 2016

La "plaza de la Compañía" recuerda a la iglesia jesuita que la preside y que presenció el "crit del palleter".

La Plaza de la Compañía, con accesos desde la Calle de la Cenia, Lonja, Cordellats y de las Danzas, se llama así por asomar la fachada principal de la iglesia de los Jesuitas, edificada en el año 1896 en sustitución de la que en el año 1868 mandó demoler la Junta Revolucionaria. Es reseñable la historia del jesuita con gran fama de santidad llamado Martín Alberro, que tenía una grandísima devoción por la Virgen María, y que tuvo un sueño en el huerto del Colegio de San Pablo en que la Virgen se le apareció y le mandó buscar quien se encargara de pintarla tal y como él la veía. Fue entonces cuando fue avisado Juan de Juanes, el famoso pintor, para que la pintara con el título de la Inmaculada Concepción al dictado de las instrucciones del padre Martín. Así se hizo y el lienzo hoy se halla en un altar de la iglesia de la Compañía de Jesús y a su lado una losa de mármol relata esta historia. Cuando con la Revolución de 1868 se derribó esta iglesia, la pintura pasó a la Capilla de la Comunión de la iglesia de los Santos Juanes y después al Museo de Bellas Artes que estuvo en el Convento del Carmen, para volver finalmente al altar donde se halla actualmente. Antiguamente se la llamó Plaça de les Pançes por una casa que vendía este producto y en el año 1840 de D´Ocon. Pero nuestra plaza se hizo célebre porque en ella se inició el levantamiento del pueblo valenciano contra la invasión francesa, promovido por un modesto vendedor de pajuelas de azufre llamado Vicent Doménech, el “Palleter”. Este, indignado por la abdicación de Fernando VII y el avance de las tropas francesas, declaró la guerra a este ejército marchando a la Plaza del Mercado donde rasgó ante el pueblo el papel sellado que anunciaba el nuevo orden. Esa efemérides de Mayo de 1808 fue inmortalizada por lo Rat Penat en una placa que se halla en la fachada posterior del patio de los Naranjos de la Lonja que recae a esta plaza.

19 de diciembre de 2015

La "plaza de la Bocha" recuerda el anttiguo juego de bolos que aquí se practicaba.

La “plaza de la Bocha” tiene accesos por las calles Recaredo, Camarón y Foyos. Su configuración actual difiere un tanto de la que tuvo en el pasado pues hoy su área central la ocupan unos jardincillos cercados y debe su nombre a que allí hubo en el pasado un juego público de pelota o bolos. Se denominó en el pasado como “del carbó” pues aquí se vendía tal mineral y se encuentra a espaldas de un magnífico edificio sede del Gremio de Carpinteros que presenció sin duda el trabajo laborioso de los obradores de artesanos de la seda que en este entorno hubo. En 1899 se trasladó aquí la sección de niñas del Colegio de San Vicente Ferrer, primero que hubo en España dedicado a la atención de ciegos y sordomudos.

16 de octubre de 2015

La "Plaza de la Comunión de San Juan" da nombre a una plazoleta de bellas portadas neoclásicas.

La “Plaza de la Comunión de San Juan” fue conocida como “de la Abadía de San Juan”. Con entrada desde la calles Belluga, Exarchs, Botellas y Luchente, es uno de los rincones más artísticos pues nos muestra unas portadas neoclásicas con alegorías de San Juan Apóstol y San Juan Evangelista con arcos góticos que eran capillas donde se celebraba la misa en tiempos de peste. En su vértice se adivina lo que es una cruz de piedra tallada de pequeño tamaño que significaba que el cementerio contiguo se hallaba consagrado. Un retablo cerámico de la Virgen de los Desamparados completa su ornamentación.

21 de septiembre de 2015

La "plaza de Mosen Sorell" albergó uno de los palacios más magníficos de la ciudad.

La “Plaza de Mosén Sorell” tiene varios accesos, entre ellos desde la calle Alta, Corona, San Ramón o Sogueros. Históricamente se la conoció como dels “Tints Majors” desde 1454, ya que por aquí discurría la acequia de Na Rovella y los artesanos aprovechaban sus aguas para lavar sus sedas y sus lanas. Su nombre proviene de Tomás Sorell, descendiente de Arnaldo Sorell como caballero de la Conquista y que mandó edificar aquí uno de los palacios más bellos que tuvo la ciudad. 
Con él acabó un intencionado incendio en marzo de 1878. Su propiedad era de los condes de Albalat, de ahí el topónimo de Albalat dels Sorells, y en su blasón aparecían dos pececillos llamados sorells en valenciano y jurel en castellano. De los escasos elementos supervivientes del incendio tenemos dos puertas ojivales góticas que acabaron en el Museo del Louvre la de la capilla, y en una galería italiana la de la entrada. Tomás Sorell pasó a nuestra historia por haber descubierto un tesoro de veinte mil doblones de oro que habían sido conseguidos por piratas ingleses en sus fechorías y que habían sido escondidos en unos barriles de leguminosas y de pólvora que el caballero valenciano compró. Cuando este se dio cuenta del hallazgo dedicó el importe a la construcción gótica de su mansión. Con el tiempo, la decadencia se fue adueñando del edificio y fue destinado por parcelas a actividades varias como telares y teatro. Tras su incendio, pequeños puestos callejeros fueron ocupando su solar hasta convertirse en el actual mercado.

17 de agosto de 2015

La plaza de San Agustín albergó uno de los mayores conventos de nuestra ciudad pues tenía doble claustro.

La actual “Plaza de San Agustín” se asienta en los antiguos terrenos de la conocida como Pobla de En Mercer y que albergaba el conjunto de iglesia y convento de San Agustín desde la segunda mitad del S.XIII. Tiene accesos desde la San Vicente Mártir, Játiva, Guillém de Castro, Barón de Cárcer, San Pablo y Huesca. En su entorno se hallaba el portal de más tráfico de la muralla cristiana como era la Puerta de San Vicente, en la cuál había una estatua de San Vicente Mártir mirando al interior de la ciudad, que hoy está en la Plaza de España, y una de San Vicente Ferrer en el exterior que hoy se encuentra en la Plaza de Tetuán. Su configuración vino del derribo de una callejuela que corría paralela al convento y que se llamó “de la Portería de San Agustín” y de un cementerio que debió pertenecer a la parroquia de San Andrés. Estos eran pues terrenos de pastizales donde apacentaba el ganado vacuno. A esta zona llegó a llamársele “Bovalar de San Agustín” y estaba casi despoblada. En dicha plaza se colocó por este motivo una cruz de piedra como recuerdo de la anterior existencia del camposanto mencionado. También aquí estuvo el antiguo Mercado de Abastos y la Casa dels Beguins o Hermanos de la Penitencia y que recogían de la calle a niños moriscos perdidos para pasar después a la protección del Colegio de Niños Huérfanos de San Vicente Ferrer. Tras la desamortización del conjunto, el claustro del convento pasó a ser presidio, teniendo en su entrada un rótulo que decía “Odia el delito y compadece al delincuente”, hoy jardincillo, y el solar de su otro claustro albergaría la actual sede de Hacienda. El altar mayor de la iglesia es presidido por un icono de la Virgen de Gracia que se salvó milagrosamente de la contienda civil y cuya iglesia fue restaurada en la década de los cuarenta para recuperar su primitivo estilo gótico. También se llamó “de Gandesa” y "Plaza del 11 de Febrero".

22 de julio de 2015

La "plaza de Rodrigo Botet" rinde justo homenaje a este gran filántropo manisense.

La “Plaza de Rodrigo Botet” fue históricamente conocida como “Plaza de San Jorge” ya que en la misma estaba la puerta principal de la iglesia y colegio que fundaron los caballeros de la Orden de San Jorge de Alfama y Nuestra Señora de Montesa en el año 1324. En ella celebraban sus actos religiosos los caballeros del Centenar de la Ploma venerando a la conocida como Virgen de las Batallas. Estos caballeros ya dijimos que eran lso encargados de custodiar la bandera del Reino en las escaramuzas militares. Esta iglesia tenía un pasadizo que la comunicaba con el cercano Palacio de los Vilaragut, edificio que fue posteriormente sede de un banco, del Ateneo mercantil, del Frente de Juventudes y de la Academia Castellano. Finalmente sería demolido y en su solar se construiría el actual Hotel Astoria. En esta plaza se celebraron en el S.XV las bodas reales de Alfonso el Magnánimo con María de Castilla. Con accesos desde Barcelonina, Prócida, Embajador Vich, Vilaraut, Transits y Portillo de San Jorge, se llamó también de Cortes de Arenoso y de Don Pero Maza.  Popularmente también se le llama de “los patos” por la fuente que se levanta en el centro de la misma y que anteriormente estuvo en la Calle del Pintor Sorolla, aunque su nombre oficial sea el de fuente de “las tres ninfas”. Respecto al egregio personaje que la rotula diré que José Rodrigo Botet nació en Manises y estudió ingeniería en Argentina en el año 1870 diseñando varias ciudades. Como filántropo consiguió reunir una importante colección de fósiles que donaría a Valencia para que fuesen el fondo del Museo Paleontológico. Aunque murió en la miseria el Ayuntamiento reconoció justamente sus méritos y le dedicó esta plaza y un artístico mausoleo. 

2 de marzo de 2015

La "Plaza de San Lorenzo" acogió el palacio de la Inquisición como elemento más siniestro de nuestra historia.

La “Plaza de San Lorenzo” alojaba la mezquita que fue dedicada con la Conquista de 1238 al mártir San Lorenzo. Tiene accesos por “Franciscanos”, “Navellos”, “Unión” y “Muro de Santa Ana”. En distintas ocasiones esta fue renombrada como “de la Inquisición” pues enfrente de ella tuvo esta institución su tribunal desde el año 1527. Primeramente estuvo en el Palacio del Real y ya en el año 1820 desapareció, habiéndose cobrado su última víctima en el maestro Juan Ripoll. En este entorno encontramos el Palacio de Benicarló, hoy sede de las Cortes Valencianas. Su origen viene de la compra de una casa en el año 1408 que fue donde se instalaron las Escuelas de Gramática y Artes de la Ciudad y del Cabildo Eclesiástico. Aquel conjunto se convertiría en el Palacio de los Borja, Duques de Gandía, habitado por tanto por el cardenal Rodrigo de Borja y San Francisco de Borja. Esto llevó a que dicha plaza se llamara “del Duque de Gandía”. Convertida dicha casa en una fábrica de hilaturas de seda, fue heredada por los marqueses de Benicarló y llegó a ser sede del Gobierno de la República. Adjudicada la iglesia a los franciscanos, podemos observar en su fachada un magnífico retablo cerámico que representa las llagas de San Francisco.        

27 de enero de 2015

La "plaza de Santa Catalina" homenajea a la iglesia que la preside.

La “Plaza de Santa Catalina” tiene entradas desde San Vicente Mártir, Paz, Reina, Sombrerería y Jofrens. Su carácter tradicional y entrañable queda fuera de toda duda y por eso se la llamó la “Puerta del Sol” valenciana. Anteriormente se la llamó “de la Cordonería”, “Bonetería”, “Nova”, “Capuchers” por los gremios que allí se asentaban y “Linage” por el general carlista. El nombre de la plazuela viene obviamente por la cercana iglesia de Santa Catalina, templo que fue mandado construir por el rey conquistador y que fue ampliado de su primitiva fábrica gótica por el gremio de tapineros en torno al año 1300. Es la única iglesia antigua de Valencia junto con la catedral que cuenta con girola tras el altar mayor. Tras una intervención para dotarla de un aire neoclásico, dos incendios fueron la oportunidad para que sobre el año 1950 se le devolviera su antiguo esplendor gótico. Como la demarcación de esta iglesia era tan amplia que llegaba hasta el poblado de Campanar se le dio el nombre de esta santa al torreón de la muralla que estaba en lo que hoy conocemos como I.V.A.M. La esbelta torre barroca del templo sustituyó a uno situado a los pies de la iglesia y en el año 1902 se suprimió como parroquia para ser trasladada a la de San Agustín. Aparte de sus archifamosas horchaterías, quiero mencionar aquí que en la pared del templo tuvieron su lugar las famosas emparedadas, mujeres que abandonaban la vida del mundo y se recluían entre cuatro paredes siendo alimentadas por un ventanuco.

30 de diciembre de 2014

La "Plaza del Horno de San Nicolás" recuerda un antiguo horno que precedió al actual.



La “Plaza del Horno de San Nicolás” tiene accesos desde Danzas, Cadirers, Abadía de San Nicolás y Marqués de Busianos. Este entrañable rincón se denomina así desde el año 1692 ya que antes se llamó Plaça del Forn de la Pietat pues sobre la puerta de dicho Horno hubo una pintura de la Virgen con su Hijo difunto en brazos. Este debió ser el antecedente del actual Horno de San Nicolás del que aconsejamos visionar su rótulo cerámico. También se llamó de “En Suau” y “Mosen Alegre”. Existe en una esquina de la plaza un azucat al que revierte el lateral de su edificio más emblemático y que es el que ocupa el “Colegio Mayor Rector Peset”, antigua Escuela Normal de Magisterio, que hoy tiene en su sótano una magnífica muestra de la muralla islámica el S.XI.

20 de diciembre de 2014

La "Plaza de Nápoles y Sicilia" recuerda a estos territorios de la antigua Corona de Aragón.



La “Plaza de Nápoles y Sicilia” tiene accesos por Trinquete de Caballeros, Palau, Aparisi y Guijarro, Comunión de San Esteban y Barón de Petrés. Esta es consecuencia de los solares procedentes de la demolición de viejas casas que formaban una isla. Para conformarla se utilizó parte de la prolongación de Trinquete de Caballeros y Barón de Petrés. Entre otros usos albergó un pequeño mercado compuesto por barracones de madera que fue el antecedente del conocido como “Mercadillo de la Congregación” y posterior rastro dominical. También albergó la oficina de Correos anterior a la actual. También presencia una de las absurdeces arquitectónicas más notables de nuestra Ciutat Vella como es el edificio sede de C.C.O.O que rompe cualquier intento de convertir esta plaza en heredera de su tradición entrañable. Una escultura denominada “El saque” homenajea al juego de la pelota y al artista Pinazo.

10 de noviembre de 2014

La "Plaza de los Fueros" recuerda tras las Torres de Serranos a nuestro ordenamiento jurídico original.



La actual “Plaza de los Fueros” es la que se conoció de antiguo como Plaza de Serranos y que se originó al derribar varias casas viejas y techar parte de su espacio para albergar la antigua estación de autobuses. Con acceso desde Roteros, Blanquerías, Náquera y Conde de Trénor, la magnífica Puerta de Serranos que la preside presenció la entrada de reyes y embajadores como la más ilustre bienvenida a la ciudad. Se cree que el primer rey que hizo su entrada en esta plaza a través de la puerta fue Martín I el Humano en el año 1404. Igualmente presenció a los madereros que bajaban troncos por el rio Turia y a los viajeros que, no siendo puntuales en la entrada de la ciudad, se quedaban ante sus puertas cerradas “a la luna de Valencia”. También fue testigo de la salida de los restos de los ajusticiados que se dirigían al Cementerio del Carraixet acompañados por la imagen de la Virgen de los Desamparados y sus cofrades y, actualmente, de la crida de la Fallera Mayor para que los valencianos se unan a las fiestas falleras. El nombre de “Serranos” proviene de que esta era la puerta que daba entrada a los provenientes de los pueblos de la serranía y ocupaba lo que fue con anterioridad la puerta árabe de alcántara junto al portillo de Roteros. Su constructor fue el maestro Pere Balaguer y pudo fijarse en la entrada del monasterio de Poblet para realizar su más inmortal obra, fortaleza militar, arco de defensa, prisión y lugar de acogida de obras del Museo del Prado durante la Guerra Civil. Igualmente curiosa es la campana de bronce que en su parte trasera nos recuerda el aviso que en la Guerra de los Pedros se realizaba a la población valenciana para su defensa y que tenía su continuación en los toques del Micalet. Una hendidura podemos observar como fruto de una granada que la dañó durante la Guerra de la Independencia. Igualmente me parece interesante decir que la estructura de su pared trasera es abierta para que no fuese lugar con el que poder atacar a la población valenciana desde el interior. El hecho de que, junto a las Torres de Quart, fuese prisión hizo que se salvase del derribo de la muralla y del resto de las torres decretada por Cirilo Amorós en el S.XIX. Finalmente, los Fueros que dan nombre a la plaza fueron las normas que rigieron la vida valenciana durante siglos y que fueron abolidos por el rey Felipe V al finalizar la Guerra de Sucesión.